El Parque Biosuroeste Es Pionero En Agroturismo

Son 600 hectáreas que impulsan el desarrollo rural, la conservación ambiental y el aprendizaje a través de experiencias con la naturaleza. El parque Biosuroeste, primer agroparque de Antioquia, nace como una respuesta a un llamado que hace el territorio a la fundación Proantioquia de contribuir a impulsar el desarrollo rural. Abarca un terreno de 600 hectáreas ubicado en los municipios de Támesis y Valparaíso, y actualmente ya se pueden hacer algunas actividades en el territorio.

El Parque Biosuroeste Es Pionero En Agroturismo

Según explicó Bernardo Muñoz, director técnico del agroparque Biosuroeste, este terreno eran tierras confiscadas al narcotráfico, y aunque en un principio se habló de restitución individual para las personas afectadas por el conflicto y de que las tierras se repartirían entre ellas, la fundación Proantioquia elaboró un concepto denominado la restitución social colectiva, “es decir, cómo estas tierras sustraídas a la sociedad se le devuelven a la sociedad con un concepto integral y no persona por persona. Eso marcó la pauta de pensar tener un agroparque y de ser una plataforma impulsora del desarrollo rural”, añadió Muñoz.

 

Para lograrlo fue necesario crear una institucionalidad a fin de darle una gobernanza, y fue así como se creó la Corporación Biosuroeste, un modelo en el cual se juntan los intereses y las capacidades públicas con los intereses y las capacidades privadas.

 

“Creamos este modelo y pasó algo maravilloso, los municipios le cedieron las tierras a la Corporación Suroeste en un modelo de usufructo para que por 30 años esta nueva institucionalidad que creamos sea capaz de hacer el sueño realidad, teniendo en cuenta que las capacidades de los municipios son muy pequeñas y les queda muy difícil generar procesos de transformación tan complejos y de tan largo aliento”, agregó Muñoz.

 

Teniendo en cuenta que las necesidades del desarrollo rural son diversas, el agroparque tiene 5 grandes apuestas. La primera de ellas es la competitividad y productividad silvoagropecuaria, en la que se juntan los mundos ganaderos, agrícolas y forestales.

La segunda, denominada conservación ambiental, funcional y productiva, abarca el capital natural, que, en palabras de Muñoz, es donde está el gran valor de esta región.

 

“Creemos que esa combinación de conservar produciendo y producir conservando se puede lograr y el parque tiene ese reto de lograrlo”, dijo.

El turismo de naturaleza y el agroturismo conforman la tercera apuesta, la cual también está ligada a la cultura del territorio y a la ancestralidad, ya que en Pueblo Rico, Támesis y Valparaíso hay presencia de tres comunidades indígenas, como los embera chamíes. Para que funcionen sinérgicamente debe haber una buena agricultura y una conservación de su activo natural.

La cuarta apuesta es el talento humano, la educación y la formación especializada. Teniendo en cuenta que el campo se está envejeciendo y que las nuevas generaciones no están muy convencidas del futuro que tiene el campo –de hecho, las estadísticas de Támesis de los últimos 20 años evidencian cómo pasó de tener 25.000 personas a 15.000 personas y un promedio de edad del campesino de 56 años–, se le apunta a que las nuevas generaciones se apoderen de la transformación y evolución del campo.

 

Por último, se basan en el conocimiento de la ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento como un mecanismo para modernizar la industria silvoagropecuaria y trabajar en la conservación ambiental. Trabajan en la transición de la sostenibilidad ambiental hacia la regeneración ambiental.

Agroparque funciona como un faro

Aunque el lugar no está abierto en su totalidad, pues todavía hay retos de infraestructura por desarrollar, hay proyectos que permiten que el parque esté en funcionamiento. Por ejemplo, tienen un proceso de restauración ecológica con 62.000 árboles que aportan a ecosistemas como el bosque seco tropical y el bosque húmedo tropical.

 

También se adelanta la restauración ecológica productiva, en la que se mezcla, precisamente, la restauración ecológica con los mecanismos de productividad para poder generar economía. “Colombia está entre los países más biodiversos del mundo, pero no ha podido traducir eso en una bioeconomía, nosotros estamos en ese camino y en ese reto”, precisó Bernardo Muñoz, director técnico del agroparque Biosuroeste.

 

Adicionalmente, y de la mano con Confama, tienen algunos recorridos turísticos, avistamiento de aves, e incluso un recorrido para aprender de la cultura ancestral, donde encontrarán petroglifos (diseños simbólicos grabados en roca), explicados por un guía embera chamí.

 

También montaron un faro de agroecología y uno de ganadería regenerativa como una propuesta de valor de agricultura que genera vida y donde muestran cómo pasaron de un monocultivo a un policultivo. “Decimos que el parque es un faro de faros porque estos iluminan y muestran un camino, y eso es lo que buscamos con el agroparque. El éxito de este proyecto no está adentro, está afuera en lo que podamos provocar, iluminar e inspirar al territorio a que se mueva bajo una nueva mecánica”, destacó Muñoz.

Un lugar para generar conocimiento

El objetivo del parque Biosuroeste es que la gente pueda aprender a través de sus diferentes proyectos. Por el lugar pasa el río Cartama, que une los municipios de Támesis y Valparaíso, y también está el río San Antonio.

 

Así mismo, podrán aprender cómo puede convivir un bosque con la ganadería a través de la ganadería regenerativa, sobre recuperación de la calidad del suelo, los servicios ecosistémicos, la regulación hídrica, cómo funcionan los procesos de producción de alimentos bajo los conceptos de agroecología moderna, conocer la biodiversidad del territorio y cómo se prepara el territorio para afrontar los retos del cambio climático.

 

Todos esos conceptos se van a poder vivir y experimentar en el parque, al tiempo que se tiene una experiencia recreativa, de ocio o contemplación.

 

“Mientras te entretienes y te encuentras con la naturaleza tendrás la oportunidad de aprender medicina ancestral a través de los faros que vamos a realizar con las comunidades indígenas”, precisó Muñoz. Además, el lugar tendrá espacios para generar conocimiento por medio de nuevos cultivos. Por ejemplo, teniendo en cuenta que la región es fuerte en citricultura, se propone investigar cómo hacer una citricultura regenerativa que combine las especies y se defienda de las plagas sin tanto agroinsumo.

 

A partir de este año, la gente empezó a ir al lugar, pues su apertura se hará de forma gradual según se dé el avance de los proyectos.