La energía y el turismo comparten espacio

Eletronuclear es la entidad pública que opera la nueva central nuclear construida en Brasil, en medio de paradisiacas aguas y turismo desenfrenado en Río de Janeiro. La playa de Itaorna en Angra do Reis, recibió a la planta “Almirante Álvaro Alberto” (CNAAA) lugar que recientemente fuera declarada por la Unesco como patrimonio mundial y cultural de la humanidad.



 

La central, estratégicamente ubicada entre los centros de consumo de energía más importantes de Brasil, Sao Paulo y Río de Janeiro, está construida a 6 metros sobre el nivel del mar en medio de dos barreras la natural que es Isla Grande y otra especialmente construida con la que se contienen las olas de gran alcance, adicionalmente toda esta agua que rodea la plata contribuye a mantener el sistema de reactores frío para su eficiente funcionamiento.

La energía producida, complemento de las renovables, no genera gases de efecto invernadero.A la fecha los 2.000 megavatios que produce representan el 3 % de la energía eléctrica consumida en Brasil dividida entre los 640 de Angra 1 y 1.350 en Angra 2. Los cuales se incrementarán a 1.400 cuando entre en funcionamiento la planta Angra 3 previsto para el primer trimestre del 2026.

A nivel mundial existen 436 plantas, en cada una de las cuales es mínimo el riesgo de que ocurra algún accidente, pero siempre está latente porque cuando han sucedido se han debido a procedimientos incorrectos en la mayoría de los casos. Información que dio a conocer el Jefe inspector residente de la CCAAA Jefferson Borges Araujo, durante la visita guiada realizada a la nueva instalación el pasado viernes a los corresponsales de prensa internacionales, quien agregó que en la nueva planta de originarse alguna alarma el agua y el jabón serán los grandes protagonistas para solucionarla en el 99,9 % de los casos.

El presidente de Eletronuclear Leonam Gumaraes, aseguró que hasta la fecha el récord en materia de seguridad de las plantas nucleares es favorable, a pesar de los accidentes ocurridos en el 2011 en Fukushima y el de 1986 en Chernóbil los cuales se originaron por malos procedimientos y hasta por temor de las personas, como ocurrió en Fukushima con el maremoto.